Qué hace la EGR y por qué se ensucia
La válvula EGR recircula parte de los gases de escape hacia la admisión para reducir emisiones. El problema es que esos gases arrastran hollín, que con el tiempo se acumula en la válvula y en los conductos, sobre todo en coches que hacen mucha ciudad y trayecto corto.
Ese uso urbano, con el motor pocas veces caliente del todo, favorece que la carbonilla se pegue y acabe atascando la válvula, ya sea abierta o cerrada.
Los síntomas típicos
Una EGR sucia da falta de potencia, tirones, ralentí irregular, a veces humo negro y, muy habitualmente, el testigo de motor encendido con un código relacionado. El coche puede incluso entrar en modo de emergencia.
Los síntomas se solapan con los de otras averías de admisión (caudalímetro, turbo), así que conviene confirmar con diagnóstico cuál es realmente el elemento que da guerra.
Primero limpiar
En muchos casos, la EGR no está rota sino atascada de carbonilla, y una limpieza a fondo (desmontándola o con productos específicos) la devuelve a la vida. Es lo primero que conviene intentar por su bajo coste frente a sustituirla.
Si además el coche hace solo ciudad, regalarle trayectos de carretera de vez en cuando ayuda a que el motor caliente bien y a reducir la acumulación de hollín.
Cuando hay que cambiarla
Si la válvula está averiada de verdad (el motor eléctrico que la mueve, o mecánicamente dañada) y la limpieza no basta, toca sustituirla. Es una pieza que en algunos motores no es precisamente barata en nuevo.
La válvula EGR de desguace de un centro autorizado, con la referencia correcta y una vez confirmado que la limpieza no la recupera, es una alternativa a considerar. Ten en cuenta que en algunos coches requiere adaptación tras el montaje.