El color es un semáforo de urgencia
Los testigos del salpicadero siguen una lógica de colores parecida a la de un semáforo. Entenderla evita dos errores opuestos: asustarse por una luz informativa y, peor, ignorar una que exige parar de inmediato.
Al arrancar, muchos testigos se encienden un instante como comprobación y luego se apagan. Lo relevante es qué luz se queda encendida, y de qué color.
Rojo: para y actúa
Un testigo rojo significa problema grave o de seguridad: para en cuanto puedas hacerlo con seguridad. Los más críticos son la presión de aceite (una tetera roja) y la temperatura del motor: seguir circulando con ellos encendidos puede destruir el motor.
También son rojos los avisos de freno, de batería o de dirección asistida en algunos coches. Ante un testigo rojo, la regla es: detente y averigua antes de seguir.
Amarillo o naranja: revisa pronto
Un testigo amarillo o naranja indica una anomalía que debes revisar, pero que en general no obliga a parar en seco (salvo que parpadee). El más famoso es el testigo de motor: fijo, puedes seguir con precaución; parpadeando, conviene detenerse.
Otros ámbar habituales: presión de neumáticos, ABS, precalentamiento en diésel o nivel de combustible bajo. No son emergencias inmediatas, pero tampoco para ignorar durante semanas.
Verde y azul: solo información
Los testigos verdes y azules son informativos: te dicen qué sistema está activo (intermitentes, luces de posición, largas en azul). No indican avería alguna, solo el estado de un sistema.
Saber distinguir estos tres niveles te ahorra sustos y, sobre todo, evita que ignores un aviso serio. Cuando un testigo revela una avería confirmada de un componente, recuerda que en un centro autorizado tienes la opción del recambio de segunda mano con garantía.