Qué hacer en el momento
Si la aguja de temperatura entra en la zona roja o se enciende el testigo, apaga el aire acondicionado y, paradójicamente, pon la calefacción al máximo: ayuda a evacuar calor del motor. Busca un sitio seguro para detenerte cuanto antes.
Con el coche parado, no abras el tapón del circuito de refrigeración en caliente bajo ningún concepto: el líquido a presión y muy caliente puede provocar quemaduras graves. Espera a que enfríe. Y no sigas circulando "a ver si llego": es la forma más rápida de fundir el motor.
Las causas más frecuentes
La causa número uno es la falta de refrigerante, casi siempre por una fuga: un manguito agrietado, el radiador, la bomba de agua o una junta. Por eso conviene vigilar el nivel y buscar manchas bajo el coche.
Otras causas habituales: el termostato bloqueado cerrado (no deja circular el líquido), el electroventilador del radiador que no arranca, o el radiador obstruido. En casos graves, una junta de culata dañada.
Por qué es tan urgente
El motor trabaja con tolerancias muy finas. Un exceso de temperatura dilata las piezas más allá de lo previsto y puede deformar la culata, quemar la junta o gripar el motor. Lo que empieza como un termostato barato puede acabar en una reparación de motor si se fuerza.
Por eso el sobrecalentamiento no admite el "ya lo miraré": es de las pocas averías donde seguir un par de kilómetros más puede multiplicar la factura por diez.
Reparar la causa
Una vez frío y remolcado o revisado, el diagnóstico dirá si es un manguito, el termostato, la bomba de agua, el radiador o el ventilador. Muchas de estas piezas son asequibles si se atienden a tiempo.
El radiador, el electroventilador o la bomba de agua son piezas donde el recambio de desguace de un centro autorizado es una alternativa válida. Verifica la referencia y las medidas para tu modelo.