Los niveles, con el motor frío
Con el coche en llano y el motor frío, saca la varilla del aceite, límpiala, vuélvela a meter y comprueba que el nivel está entre las dos marcas. Un nivel bajo o que baja rápido entre revisiones es un aviso a investigar.
Revisa también, a simple vista por los depósitos translúcidos, el refrigerante, el líquido de frenos y el limpiaparabrisas. Son comprobaciones de un minuto que descartan problemas serios.
Luces y neumáticos
Con ayuda de alguien (o frente a una pared por la noche), comprueba que funcionan todas las luces: cortas, largas, intermitentes, freno, marcha atrás y matrícula. Una luz fundida es motivo de multa y de suspenso en ITV, y se cambia por muy poco.
En los neumáticos, revisa la presión una vez al mes en frío, mira el dibujo (los testigos de desgaste avisan del mínimo legal) y busca desgastes irregulares, cortes o abombamientos. Son tu único contacto con el asfalto.
Escobillas, correa y fugas
Las escobillas del limpiaparabrisas se resecan y dejan estelas: si no limpian bien, cámbialas, son baratas y afectan directamente a la visibilidad. Aprovecha para rellenar el líquido limpiaparabrisas.
Echa un vistazo bajo el coche tras estar aparcado: manchas de aceite (marrón oscuro), refrigerante (colores vivos) o líquido de frenos avisan de fugas que conviene atender pronto. Y si ves la correa de accesorios agrietada o deshilachada, que la revisen.
Por qué merece la pena esta rutina
Estas comprobaciones no cuestan nada y detectan problemas cuando aún son baratos de resolver. Un nivel de aceite bajo pillado a tiempo evita un gripaje; una fuga detectada pronto evita quedarse tirado.
No sustituyen al mantenimiento en taller, pero son la mejor prevención entre revisiones. Y cuando algo revela que hay que cambiar una pieza, ya sabes que en un centro autorizado tienes la opción del recambio de segunda mano con garantía.