Qué es y para qué sirve
El filtro de partículas (FAP o DPF) es un componente del escape de los diésel que retiene el hollín de la combustión para reducir las emisiones. Con el uso se va llenando, y periódicamente necesita "quemar" ese hollín acumulado en un proceso llamado regeneración.
Esa regeneración requiere que el escape alcance temperaturas altas durante un rato, algo que ocurre de forma natural conduciendo por carretera. Ahí está la raíz del problema para muchos conductores urbanos.
Por qué se atasca
Un coche que solo hace trayectos cortos por ciudad rara vez alcanza la temperatura necesaria para regenerar el filtro. El hollín se acumula sin quemarse, el filtro se satura y acaba encendiéndose el testigo correspondiente.
Si esto ocurre a menudo, el coche puede entrar en modo de emergencia, perder potencia y avisar de que hay que actuar. Es una de las averías más frecuentes en diésel de uso urbano.
Cómo cuidarlo
La mejor prevención es regalarle al coche un trayecto por carretera de vez en cuando: veinte o treinta minutos a velocidad sostenida permiten que el filtro regenere. Si tu uso es 100% ciudad, hazlo de forma consciente cada cierto tiempo.
Usar el aceite correcto (los diésel con FAP requieren aceites específicos de bajas cenizas) y no ignorar el testigo cuando aparece también alargan su vida. Cuando el coche avisa de que va a regenerar o está regenerando, evita apagarlo a media regeneración.
Cuando ya está saturado
Si el filtro está muy saturado, a veces se recupera con una regeneración forzada en taller o una limpieza específica, opciones más baratas que sustituirlo. Merece la pena intentarlo antes de cambiar la pieza.
Cuando el filtro está al final de su vida, el recambio nuevo es caro. Ahí el filtro de partículas de desguace de un centro autorizado, verificado y con la referencia correcta, es una alternativa a considerar frente al precio del original.