La factura es el documento que lo sostiene todo
Sin prueba de compra no hay garantía que reclamar. La factura acredita quién vendió, qué vendió, cuándo y por cuánto, y es el punto de partida de cualquier reclamación posterior.
Debe incluir los datos fiscales completos del vendedor: razón social, CIF y domicilio. Un ticket sin esos datos no cumple la misma función.
La identificación de la pieza
La factura debe permitir saber qué unidad concreta has comprado, no solo "alternador". La referencia interna del desguace, la referencia de fabricante o ambas identifican la pieza de forma inequívoca.
Este detalle importa mucho en una devolución: sin identificación clara, es difícil demostrar que la pieza devuelta es la misma que se compró.
El plazo de garantía, por escrito
En una compraventa entre empresa y consumidor, los bienes de segunda mano tienen una garantía legal que puede pactarse por un plazo reducido, pero ese pacto debe constar por escrito. Si no consta nada, se aplica el plazo general.
Comprueba que aparece el plazo concreto y desde qué fecha se cuenta. Y guarda el documento: el plazo empieza a correr desde la entrega, no desde el montaje.
Condiciones de devolución
Deben estar claras antes de comprar: en qué plazo se admite la devolución, en qué estado debe volver la pieza y quién asume el porte de retorno. Son los tres puntos donde surgen la mayoría de los malentendidos.
En compras online a distancia existe además un derecho de desistimiento con su propio plazo, distinto de la garantía. Conviene no confundirlos: el desistimiento no requiere que la pieza tenga ningún defecto.
Los datos del centro autorizado
Un CAT debe poder identificarse como gestor autorizado mediante su número NIMA. Ese dato, junto al CIF, permite comprobar que la instalación está habilitada para tratar vehículos al final de su vida útil.
Es información pública que cualquier centro facilita sin reparos. Si un vendedor esquiva la pregunta, es una señal a tener en cuenta antes de seguir adelante con la compra.