La pieza cara por excelencia
Una caja de cambios automática nueva o reconstruida puede costar más que el valor del coche en muchos casos. Por eso la opción de desguace es, a menudo, la única reparación que tiene sentido económico cuando la caja falla.
Pero es también una pieza que exige más comprobaciones que una caja manual, porque hay varios tipos de automático y la compatibilidad es más estrecha.
El tipo de caja importa
Hay varios tipos de cambio automático: convertidor de par clásico, variador continuo (CVT) y doble embrague. No son intercambiables entre sí, y dentro de cada tipo hay variantes según motor y potencia.
Identifica qué tipo monta tu coche antes de buscar. Una caja del tipo equivocado, aunque sea del mismo modelo, no encajará ni funcionará.
El código de caja, la referencia clave
Las cajas automáticas llevan un código identificativo (letras y números) que define la variante exacta. Es el dato que garantiza la compatibilidad con tu motor y tu vehículo, más fiable que el modelo o el año.
Ese código aparece en una etiqueta de la propia caja y a veces en la documentación. Facilítaselo al desguace para que confirme que la unidad que te ofrece es la correcta.
Estado, kilometraje y montaje
Pregunta por el kilometraje del donante y por su procedencia. Una caja de un coche de baja por siniestro con pocos kilómetros es una apuesta mucho más segura que una de origen incierto o kilometraje alto.
Al montarla, cambia el aceite de la caja con el especificado y revisa el mantenimiento asociado. Una automática usada bien montada y con su aceite correcto puede dar muchos kilómetros de servicio.